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El VAR de Butarque

N

o fue el olor a panceta lo que correteaba por el ambiente de nuestro estadio en el estreno liguero en casa, era la sensación de que la tecnología nos la había jugado a las primeras de cambio. Corría la hora de juego y un control de Dani Ojeda impactaba en el brazo extendido del ex leganense Zaldua. El donostiarra despejaba el balón con una “zamorana” tremenda a menos de unos metros de Munuera Montero y éste interpretaba que la voluntariedad del gesto no era punible como penalti, tarjeta amarilla y como consiguiente expulsión del zaguero vasco por doble cartulina amarilla.

En la sala del VAR se encontraba el bueno de Iglesias Villanueva, conocido en Leganés por sus actuaciones en el Camp Nou con el penalti de Mantovani a Neymar o la expulsión de Gabriel en la última visita al Bernabéu, cortando un disparo prometedor leganense en la última jugada del partido. Entre el gallego y el andaluz decidieron que no era ni revisable la jugada en la que el balón impacta sin lugar a dudas y sale despejado desbaratando una ocasión manifiesta de gol. Sin embargo, sí vieron oportuno usar la tecnología para dar validez al gol del empate de El Zhar, no añadiendo al descuento el tiempo que se perdió en la revisión tal y como dictamina el nuevo reglamento en base al video arbitraje.

Lo que nos deja el regusto del viernes a principios de semana es que ni el VAR es la panacea, ni viene a impartir tanta justicia como se nos vende. Es una herramienta a la cual los árbitros españoles tienen que adaptarse (y fiarse) todavía y que seguirá condicionada por la decisión del árbitro principal. Sin embargo, no vamos a denostarlo por una jugada que pudo cambiar un partido de dos caras con una primera parte en la que el Leganés estuvo espeso y en la segunda puso en marcha la receta para rescatar un valioso punto con un doblete de Nabil El Zhar.

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