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Nada es ‘gratis’ en Butarque

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a tentación de hacer negocio con el fútbol es volver a la manzana de Adán y Eva. Desde hace dos décadas el aficionado asume con naturalidad una serie de políticas que han dejado de ser cuestionadas. Paga el triple del coste real por la camiseta de su equipo, admite los mal llamados “días del club” y suelta la gallina en la Copa del Rey, que se cobra aparte de la cuota anual porque sí. Axiomas que escapan a toda lógica, pero que el seguidor futbolero ha aceptado con tolerancia y resignación. La rueda gira porque detrás hay un aficionado dispuesto a aflojarse la cartera. Sálvame se ve porque hay gente que pone Telecinco.

La responsabilidad la tiene el seguidor que encaja el golpe con un chascarrillo, muestra su frustración en las redes sociales, pero acaba pasando por la oficina a sacar su entrada. Parece que la mercantilización de este juego es un chicle de infinitas dobleces, una cuerda que nunca termina de romperse y que en Butarque, por cierto, han estirado más de la cuenta en los últimos meses. Primero fue una ampliación del palco en perjuicio de los socios y después, un intento frustrado de cambiar el nombre del club añadiendo la palabra “Madrid”. Estas dos ‘ideas’ fueron rechazadas por una parte de la afición, que rápidamente mostró su indignación a los nuevos visitantes del palco. Nuevos amigos que igual se visten de blanquiazul que lo hacen de azulón. Amigos, que no estaban en Segunda B.

Un mensaje alto y claro. La afición del Lega no quiere ‘Pequeños Nicolases’, ni decisiones que acaben tapando noticias como la del pasado martes. El reciente récord de abonados (9.700) ha quedado enterrado porque el Trofeo Villa Leganés, que se jugará ante el Alavés, y el amistoso con el Atleti, obligan al socio a pasar por caja. Con un tino horrible, no obstante, porque los vascos visitan Butarque en Liga apenas diez días después y porque el partido contra el Atleti tendrá menos tensión que una sesión de baño y masaje.

El equipo de Simeone jugará en Leganés el sábado 12 de agosto a las diez y media de la mañana. Horas después de disputar otro bolo veraniego. ¿De verdad había necesidad de cobrar a los socios por estos dos partidillos? ¿Es que no hay ingresos suficientes que reemplacen esta discreta taquilla? No quiero imaginar un Butarque vacío, ni a Mantovani levantando el trofeo en un estadio con 3.000 personas. No lo quiero pensar, pero a veces obligan al aficionado a no pasar por el aro. A veces la cuerda se tensa tanto que termina por romperse.

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