Todo proyecto necesita su primera tormenta para saber de qué madera está hecho. Al Leganés le llegó en Tenerife, envuelta en un 2-0 que dolió más por la forma que por el fondo.
Perder en el Heliodoro Rodríguez López no es una calamidad. Perder mal, tampoco debería serlo a estas alturas de temporada. Y menos, con los partidos que hemos podido ver el resto de jornadas. El Leganés cayó ante un Tenerife superior en casi todas las facetas del juego, y conviene decirlo sin rodeos: la imagen no fue buena. Pero sacar conclusiones apocalípticas de un mal partido en la quinta jornada sería realmente precipitado, y los de Albés se están esforzando en demostrarnos que esta temporada será diferente a la anterior.
Lo cierto es que el balance general del equipo sigue siendo positivo. Ocho puntos tras cinco jornadas, con un calendario que además ha llevado al equipo a jugar el grueso de los partidos fuera de casa ante buenos rivales, es un bagaje más que aceptable para un nuevo proyecto que, pese a tener nombres contrastados en la plantilla, debe asentarse. Ahí está la primera clave de por dónde debe pasar la lectura de este inicio de curso, y no por el tropezón en las isla tinerfeña: el Leganés suma sin haber podido apoyarse todavía en Butarque como fortín.
Hay algo que sí merece destacarse por encima del resultado: la sensación de un vestuario más enchufado que la temporada pasada. Se nota en la intensidad de los duelos, en la actitud tras pérdida, en la celebración de las acciones defensivas, en esos detalles que no siempre se traducen en puntos, pero que sí anticipan un equipo con hambre. Ese componente anímico, muchas veces infravalorado, suele ser un mejor termómetro a largo plazo que el resultado de un solo partido. Y hay que darle su merecido crédito por el momento a Rubén Albés, que está guiando al equipo en la dirección correcta (y dejándonos buenos highlights en rueda de prensa)
Ahora bien, se deben revisar los errores que se cometieron en la pasada jornada para no volver a cometerlos. El Leganés fue superado en la medular, no encontró forma de sostener el balón con continuidad y el tema de los carriles definitivamente es la parte que más preocupa, especialmente en el defensivo. Si este tipo de partidos se repite fuera de casa, el problema dejará de ser puntual.
Con todo esto dicho, que no cunda el pánico. Toca ponerse serios. Este Leganés tiene una identidad definida y una plantilla comprometida, y ahora llegan dos semanas en las que debe hacerse fuerte en casa. Granada y Castellón. Castellón y Granada. La Liga Hypermotion es larga, traicionera y llena de baches; y en Leganés lo sabemos de sobra, especialmente tras la temporada pasada.
La fórmula, por tanto, no debe pasar por dramatizar un tropiezo puntual, sino por seguir sumando de la manera más lógica posible: hacerse fuertes en Butarque, ganar confianza partido a partido, y confiar en que la plantilla tiene margen para corregir lo que no funcionó en Tenerife.
